Gay porn business

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©María Emilia Parola

Gay porn business

Con ser más bellos que sus propios cuerpos, tanto así
que nada saben de amor y solo se desean, con deslizar
sobre esos cuerpos húmedos, ya bellos si de hecho
la belleza fuera materia del sexo y seña unánime de los untuosos
orificios, y aun más codiciados que Ganímedes
por ser objeto del deseo de un tercer y ávido voyeur,
y con lucir siempre jóvenes y listos
para entregar su juventud del Middle West a los crueles
altares del Bondage o a los otros
cuerpos ágiles en la gimnasia de luces
reflejadas de la caverna gay, más flexibles
que el músculo inmemorial y vigilante
de Príapo implacable en las aras
del gozo, y no por el efímero placer de los mortales
sino por obediencia, como los ritos pertinaces del incesto
calculado en el Dad-Boy, vueltos ora adolescentes
ora audaces objetos del dolor o de un Rape-sex o el mero Spanking,
y con ejercer su disciplina en palacetes de utilería
o bastidores de castillos kink, a sabiendas
de que sólo cuentan los rostros del olvido, sus errantes
recodos habitados por fantasmas, esos
que precedieron a estos hombres
más bellos que sus propios cuerpos,
white, black, Russian, latino, Asian, interracial
sex, melting pot del gay porn, ellos
beben impasibles del semen de Zeus
y observan, eternos, tu ser mortal y sin poesía,
reducido al acabar a esta náusea pasajera.


La travesía de la mar en medio

La mar en medio y tierras he dejado
de cuanto bien, cuitado, yo tenía;
yéndome alejando cada día,
gentes, costumbres, lenguas he pasado.
Garcilaso de la Vega

Fueron cuarenta días con sus noches.
No estuve en el vientre de una ballena,
nadé en el vientre de la mar en medio,
contaminada, sucia, con sus manchas
de óleo y odio y el dolor del oprobio
humano y animal, restos de un mundo
mordido por cardúmenes enfermos.

Fueron cuarenta días y cuarenta
las noches que velé en la mar en medio.
Vi la pobreza emigrante y en tierra
un asesino constructor de cárceles,
vi el ángulo de un astro en su declive
(y a veces, sólo a veces, digo, casi
la estrella inexplicable de un alivio).

La noche era de insomnio, el día amargo.
Vi flotar durante la travesía
los esquivos testigos de mi vida,
amor y desamor familia adentro
de la infancia y afuera el desamparo,
la soledad de la tinta, el poema
de un niño en bicicleta (fue en Piriápolis).
Vi el nacer del sexo y las esperanzas
que escurrían por el adoquinado.
(El niño que saltaba entre pretiles
continuó merodeando en azoteas).

Vi la pesadilla excavando el mundo
para que el mar desagüe en aquel sótano
desmantelado tras la voladura,
en la calle Marsella, en el Reducto,
el del hueso, huero, huecos de un huérfano
de ancestros y postreros, mar en medio
para atravesar como a una ordalía.

Días y noches en la marejada,
vi el orgullo de los triunfadores
y el otro, el mudo, el de los humillados,
vi que ese orgullo vuelto en rebeldía
ardía como la medusa, ardía
hecho poesía, sal sobre la herida,
para tragar toda la mar en medio
y cruzar una vida componiendo
este diario de viaje o un poema.


Labor arcaica

Vano escandir de un verso en el exilio:
sinalefas pegadas a los miedos,
hiatos puntiagudos como istmos,
esa rima viscosa en el recuerdo.

Y el poema existía desde antes
de nacer, de ser música y destino.
No habrá sitio en los versos para el vate
ni hallará entre las sílabas asilo.

Las criaturas de la mar en medio
horadaron el hueso endecasílabo.
Y suben por la médula hasta el sueño
para hundirse otra vez en el abismo.

Publicado en La mar en medio.

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Alfredo Fressia nació en Montevideo, en 1948. Es poeta y traductor. Reside en São Paulo, Brasil desde 1976. Su obra ha sido presentada en al menos doce países y traducida al portugués, inglés, francés, rumano, italiano, griego y turco. Sus poemarios más recientes son Poeta en el Edén (Montevideo/México, 2012, reeditado en 2016 Argentina), Susurro Sur (Valparaíso, México, 2016) y La mar en medio (2017, Ed. Lisboa, Buenos Aires, y Ed. Civiles Iletrados, Montevideo).
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