Manual de fisiología del alma

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©Ana Ró

Alma en pena

El alma en pena afecta la articulación de los tobillos. Se caracteriza por una hiperlaxitud de los tendones.
El padeciente camina arrastrando los pies, arrastrando su humanidad que está mínima pero pesa el máximo.
El alma en pena consume toda la enegía que encuentra y la que no. Pero no puede usarla; la gira adentro sin poder hacer nada con ella.


Alma enamorada

El alma enamorada tiene miedo. La firmeza del amor, esa magnificencia que la hace poder con el mundo, se sostiene en algo que ella no conoce.
¿Es macizo, resiste vientos? ¿Es finito, se oxida?
Cada tanto el alma enamorada se olvida del artefacto que da la firmeza, entonces se aliviana. Las glándulas se callan. El sistema endócrino susurra, el exócrino hiberna hasta el desamor. No hay estallidos, hay calma que circula.
El alma enamorada presenta una condición única y pasajera, entiende dos universos. El propio y el de la estructura que ama.


Alma intoxicada

El alma intoxicada puede o no ser consiente de su condición.
Si la intoxicación se produce en la infancia, es probable que se cronifique. Las toxinas se depositan en los cartílagos de crecimiento y en algunos rincones. Entonces esa alma no crece, queda enana. Enana por intoxicación, porque hay otras causas de enanismo de alma (se describen más adelante).
Si la intoxicación se produce en la adultez o es aguda, hay más posibilidades de revertirla, aunque no hay antídoto contra todas las toxinas, y nunca se está a salvo de alguna secuela.
Un alma que se intoxicó tiene, siempre en algún lugar, una cicatriz.


Alma que piensa

El alma que piensa es redonda para siempre. La ausencia de aristas facilita el movimiento de las ideas y evita el estancamiento de conceptos que, de suceder, estos se transformarían en prejuicios de poca monta.
Alma de membrana hidrofóbica y fotofílica por fuera. No deja entrar la lluvia pero recibe y responde a estímulos lumínicos.
No es un alma estable, algunas veces, cuando piensa bien, en la justa medida, es funcional y parece normal.
Cuando se excede en su actividad reflexiva, pierde adaptación; puede que le hagan falta almas que no tiene o le sobren almas que si tiene. El mundo le parece un exceso o no le alcanza ni para completar la primer hora del día.
Es un alma de difícil convivencia.
No se conoce hasta el momento tratamiento farmacológico para curarla.


Alma con frío

El frío enlentece el metabolismo de las almas, principalmente por vasoconstricción. Los vasos se contraen dificultando la circulación de los sentimientos y las ideas de mayor volúmen. Las almas con frío funcionan con lo mínimo. Pequeños pensamientos y cuestiones que se cuelan en la estrechez. Nada interesante o relevante puede surgir así.
Existen registros de casos de almas que sometidas a fríos extremos y como consecuencia de la incapacidad de procesar sentires, pasados no demasiados minutos, se corporeizaron.
Para siempre.
Por eso sugiere mantener al alma tibia.


El alma completamente feliz

Para que la felicidad sea holística, un alma debe no retener al pasado y no intuir al futuro.
Esta condición existe, y tiene más de una etiopatogenia, pero la más frecuente es la vascular. Fallas en la circulación hacen que el alma no pueda vivir más que en un perpetuo presente. Solo el ahora le es propio y accesible.
Puede ser feliz porque puede no entender.
No entender la injusticia.
No entender que el más intenso de los amores un día podría ser anécdota de sobremesa.
No entender que la felicidad no es otra cosa que saberla efímera.
Por eso son las almas más envidiadas. Por no saberse.


Alma al sol

Un alma que se expone al sol debe tener ciertas precauciones.
La más relevante es el horario, nunca, o casi nunca deberá hacerlo entre las 11 y las 16 hs. porque es el horario en el que la entropía del alma es mayor y la exposición al calor podría ocasionar desórdenes de color.
Lo otro a tener en cuenta es el estado. Un alma enojada no debe exponerse directamente ni a la tibieza ni a la luz del sol.
Estas podrían prolongar e incluso incrementar el enojo.


Alma imprescindible

La tuya, amor.

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Adriana Stratta nació en Montevideo, en 1985. En 2015 y 2016 produjo y condujo programas de radio y escribió guiones para sus ficciones. Actualmente estudia Ciencias Políticas en la UdelaR. Es tallerista en Máquinas de Escribirnos (a cargo de Apegé).
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