Y las hicieron picadillo

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©Jimena Ríos

cuando naciste tus padres creían que pronto los reactores nucleares serían cosa del pasado

que el sol era más o menos eterno

que los panes y los peces seguirían reproduciéndose

que mucho más temprano que tarde se abrirían las grandes alamedas

y que por ser mujer alguien te protegería

 

algunos años después pensaron que se habían equivocado en el significado de la palabra temprano

y mucho más temprano que tarde se cansaron de pensar y de la palabra temprano y de si alguien te protegería

y entonces crecieron hongos alrededor de tu cabeza deformados por derrames de petróleo

mancharon tu identidad comprada en un mercado sin principio ni fin

y te viste afectada por impulsos físicos inexplicables

 

te aterra el desenlace la idea de por qué y de cómo los reactores nucleares y todo lo demás se convertirán en cosas del pasado

y por eso decidís que mejor dedicarse a pensar en los impulsos físicos inexplicables

 


 

los tiempos se amontonan y las empresas se esmeran en fabricar enfermedades para fabricar vacunas para fabricar seguridad y enviártela por correo

venden enfermedades para vender vacunas para vender seguridad y vienen otras hambres a morderte el corazón

y las empresas investigan sobre esas hambres para saber qué venderte

 

palabras organizadas vuelan para salvarte de la tristeza

cualquier cosa en cualquier lengua como estrellas profundas en la mugre plana

hilos de plata invisibles extendiéndose sin parar en medio de este páramo de insensatez

te consuela creer que alguien piensa como vos sabés que entiende

se abren sus ojos de mañana y ven algo que es como tu espalda brillando en su teléfono

 

ya no estaremos nunca solos pero seguís quejándote

no aprendés a vivir estás tan vieja

 


 

dijiste que te dolía el clítoris y el médico te dijo el clítoris no duele señora vos no entendiste

por qué te llamaba señora no llevabas ningún anillo ni habías sido asistida en ningún parto

y el clítoris te dolía y el médico te decía señora usted debería ir a un sicólogo

 

vos deberías ir a un sicólogo pero no puede el médico darse cuenta de eso

de que no tenés edad ninguna como nunca tuviste como siempre

entre los huesos te crecía un bulto las lecciones de historia los extraños contándote que nada era como vos creías

como siempre el resultado fue que te sentiste más inteligente que el médico que el maestro de historia que tus padres que creían que alguien te protegería

 

pero no por eso se calmó el dolor ni se te actualizó la autoestima

por el contrario te sentiste estúpida tratando de explicarle al médico que el clítoris te dolía

en lugar de sobártelo hasta convertirlo en un músculo blando como tiene que ser

y cuando lo hiciste y te dejaste de joder supiste que no eras más inteligente que nadie

ni siquiera podías levantarte en la mañana de tanto pensar en los reactores nucleares

 


 

el vino es lo único bueno que te recorre el cuerpo y ni siquiera es un gran vino

la soledad es una cosa física diagnosticada un nervio permanentemente vivo

vas a una curandera a preguntarle por esa música de película de guerra que te taladra los oídos

te da una crema para la sequedad de los labios y un enorme silencio que sin embargo no apagó los tambores ni el ruido de los tiros

la malva de la música no puede el choque de los vasos no puede la conversación de amigos

 

vos no vas a curarte te pareció que decía la lluvia golpeando en el parabrisas y te diste cuenta de que habías estudiado demasiado

los pliegues de la historia se tragaron a las mujeres de tu generación y las hicieron picadillo

mm
Lalo Barrubia nació en Montevideo, en 1967. Es escritora y performer. Ha participado en festivales en diversas partes del mundo. Su obra ha sido traducida a varios idiomas. Ha publicado varios libros de poesía y cuentos, así como las novelas Arena (2004), Pegame que me gusta (2009) y Los misterios dolorosos (2013).
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