Visión desde el Monte Ararat

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©Guille Sartor

Visión desde el Monte Ararat

Todo hubiera sido más sencillo
más simple
indoloro tal vez
si nos hubiésemos permitido
un paseo por el fuego
desnudos
y sobrevivir.
Un instante de gloria fatua
bajo la piel de los astros.
Un contemplar
cómo todo se mata
allá lejos
y nosotros acá
animales
indefensos al sismo
viendo cómo amanece
en los ojos
de los que ya están
muertos.


Caos Mvd

Tras las fachadas
desesperadas voces
claman
soledades rugen
en la ciudad del asco y el hastío.
Pulso del tiempo muerto
rutina kamikaze
desafinado acorde jadeante
resonando en el humo
y la escoria.
Vamos
en una pesadilla interminable
exhaustos al abrevadero
y el amor cruje en la ventisca
inalcanzable
como una porción de aire fresco
como una quimera.


Primavera en el quinto piso

Hemos sepultado los días,
hemos escrito con barro
los nombres en nuestros cuerpos.
Deleitados presagiábamos la caída,
displicentes contemplábamos las luces,
la ciudad dormida a nuestro alrededor.
El deseo nos mordía la madrugada en nuestras bocas.
Estábamos de pie sobre nosotros mismos.
Estábamos
a solo un latido de corazón de distancia.
Estábamos
buscando cualquier sinónimo olvidado
en los cuerpos de dos moribundos.
Quisimos tallar el alba en nuestros ojos,
quisimos tanto.
Precipitados al fuego caímos
desterrados de un Edén en ruinas.
Nosotros fuimos el fuego
el Edén
las ruinas
los espectros famélicos
en la penumbra de los vivos.


Orfandad

Un hombre
siente toda la vida soplándole el rostro.
Está allí
desde tiempos inmemoriales.
Es solo un punto frágil
apenas algo mas.
El infierno; piensa, dice.
Atados por él
lleva trescientos siglos en la espalda.
Dirige su mirada al cielo
se redime
ora.
Mientras las hogueras gritan sus pecados.
El hombre espera
mira alrededor.
No hay cruces que indiquen
camino alguno al paraíso.
No hay paraíso; piensa, dice.
El hombre espera.
No hay señales
solo derroteros truncos.
No hay voces que guíen el andar.
No hay indicios
solo espera.
De modo que
el único milagro es la Salvación.
La Salvación está perdida
el hombre piensa, dice.
Es de cenizas el mundo;
todo lo demás es caída.


La mujer que dolía en los espejos

Ella se contempló desnuda frente al espejo.
Leyó el poema que le dejé escrito
aquella mañana gris
cuando me fui
sin despedirme.
Los besos habían cicatrizado
en el lento olvidar
de la noche ida.
-¡hijo de puta- gritó.
Después la hizo pedazos la tristeza;
le rompió hasta los huesos del alma
la tristeza, su otra amante
y cayó como muerta
sobre la cama…
Ella y sus pedazos.

mm
Paulo Roddel nació en Montevideo, en 1977. Es escritor y docente de inglés. Editó fanzines y publicaciones de rock de circulación under en Montevideo (1997-2000). Co-fundó los grupos de poetas 7 Segundos y Seis50, grabó varios cds de poesía, y publicó los libros Trapos (2004), Palidezco (2010), Ama/zonas (2014) y El ceño del sueño (2016). Fue co-redactor de la revista cultural Fango (Premio Fondos Concursables 2010-2011). En 2016 participó en el II Mundial Poético de Montevideo. Actualmente colabora en www.cooltivarte.com (Montevideo) y Revista Digital Lamás Médula (Buenos Aires).
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