Descienden en la tarde

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©Ana Strauss

Ven a buscar las pocas palabras que me quedan

 

Despiertan los astros, las aristas que se forman en la vastedad inquieta del
silencio,

que arrastra su finitud visible ignorando la guadaña astuta y perversa.

Anhelo de la lluvia que limpia y borra el asunto, la existencia.

Ven a buscar las pocas palabras que me quedan/ los higos caen a paso firme
del poema que se abre camino a los surcos, de otro espacio que sueña con tu
rostro.

Continúo buscándote el tiempo que dure la cosecha.

La posibilidad/ la gratitud de los árboles/ la hermandad/ ese fruto que se pudre
lentamente porque nos olvidamos de crecer tomados de la mano/ porque
dejamos que se encargara el viento y nos traicionó.

Ven a buscar las pocas palabras que me quedan/ ya que este asunto no
conoce de palabras.

Es un espectro que me hiela las vértebras y se asemeja a la voz de padre/ digo
padre y me quedo sin voz.

Despierto/ emerge la sombra perfumada con aceites que envolvieron tu cuerpo.

Silencio!

Me detengo/ observo ahora de manera diferente/ la casa es otra, los rostros
son otros/ recorto sutilmente los ojos/ cordero que el tiempo ignora/ la piel
renovada, inquieta/ manjar/ el animal dormido/ sueña campanadas.

Son años de caminar a ciegas/ de confundir tu voz con la del ángel sediento y
es posible que vierta todo aquello de ser raíz en tierra infértil en los labios de
quien lleva las pocas palabras que me quedan.


Descienden en la tarde

 

Descienden en la tarde tus ojos místicos/ tu piel mortífera/ aureola que rodea
numerosas fuentes/ ánforas tu boca.
Deja que nos amortaje el follaje/ malva embravecida, demente/ sin lumbre.
La hija lleva la corona/ aquí la edad es un número/ y la madre ha perdido la
memoria.

mm
Magdalena Portillo nació en Montevideo, en 1991. Es técnica en realización audiovisual egresada de la ORT. Publicó su primer libro en 2017 titulado Umbrales.
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