Museo interior

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©Ana Strauss

en mi museo interior hay huesos
tantos huesos
demasiados huesos
recorro sus pasillos fríos
su piso fósil de piedra volcánica negra
en el que asoman plumas verdes de quetzal
ya pisoteadas
nadie enterró a méxico-tenochtitlan:
la ciudad fue violada una y otra vez
marcada a fuego junto a la boca
usados los despojos de su templo mayor
para construir tu pétrea tu imponente catedral
esa que desde entonces gime
y se hunde
un poco más
a cada año
cargada con el peso de esa historia

nadie enterró a méxico-tenochtitlan:
sus dioses se exiliaron
tras coloridas máscaras recién pintadas
se escondieron allí
xipe totec
el viejito
tezcatlipoca
el jaguar
disfrazados con cuernos para seguir viviendo
siquiera como diablos
bailemos bailemos en el atrio de la iglesia
que el vencedor nada sospechará
en tanto nos cubramos con sus máscaras
madrecita tonantzin llena eres de gracia
santa coatlicue resurgida en virgen india
a la que sí nos está permitido adorar
(les seguimos la corriente)
guadalupe-tonantzin
sin pecado concebida
bailemos en el atrio de la iglesia pues

tenochtitlan
no quedó de ti más que un mausoleo resentido de señoríos fantasmales
y huesos
demasiados huesos
los huesos de todos los muertos de la tierra
apilados en sótanos
y escuelas
y museos
no quedó más que el grito agudo de la llorona
que aterrorizaba a la población colonial todas las noches
toque de queda a las diez
y era la diosa cihuacóatl llorando por su prole
ya méxico no existirá más hijitos míos
los presagios funestos empezaron años antes
de que los españoles tocaran tierra siquiera
mala señal
motecuhzoma se paseaba insomne por su palacio
que pronto sería ruinas

fue españa
que nada entendió
que no tuvo compasión
sacrificio humano sin dagas ni penachos
¿por qué lo hicieron entonces
si sabían que huitzilopochtli estaba muerto?
en el zócalo flamea una bandera gigantesca
con un escudo mexica en pleno centro
teocalli de una guerra imperialista
ruina de piedra expuesta al visitante curioso
¡me-xi-có, me-xi-có!
ruge la tribuna en el estadio
y mi museo interior se despereza
entonces resurgen los canales de tenochtitlan-venecia
con sus aves cantoras sus chinampas
el mercado flotante y sus pregones
los brujos yerberos
mal de ojo
olor a epazote cilantro limónverde
el mismo olor que atesta los mercados de hoy
los mismos brujos
montañas de chía de amaranto presencia de los dioses
alimentos prohibidos por españa

pero nadie enterró a méxico-tenochtitlan después de asesinarla
por eso el país de hoy es esa fosa viviente
de huesos tantos huesos
innumerables huesos
legado casi ofrenda
que se sigue enterrando para esconder el crimen
tlatelolco ayotzinapa ciudad juárez la bestia
derrotero de narcos que ruge por lo bajo
arrasándolo todo con su ronquera de inframundo
y retiemble en sus centros la tierra
tal como reza el himno mexicano

y entonces mi museo interior se desespera.

 

(Texto hasta ahora inédito escrito a partir de invitación del MAPI para “Los museos imaginarios”, actividad en el marco de Montevideo+Museos y Día Internacional de los Museos, 2017)
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Gabriela Onetto nació en Montevideo, en 1963. Es licenciada en Filosofía por la Universidad de la República. Ha publicado Espiar/Expiar (Primer premio Juan Carlos Onetti en categoría poesía, Banda Oriental, 2015), Montagú (Trópico Sur, 2014), El mar de Leonardi y otras humedades (Primer premio Narradores de la Banda Oriental, Banda Oriental, 1998). Participó de las antologías El papel y el placer (Irrupciones, 2013), TCQ/7 (antología de 100 minificciones seleccionadas, La Máquina de Pensar, Montevideo 2013), 22 mujeres+ (Irrupciones, 2013), Historia de mujeres con hormonas (Aguilar/Santillana, 2008), entre otros. Colabora periódicamente en revistas internacionales. En la actualidad, coordina talleres de escritura presenciales y virtuales.
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